Hay conceptos teóricos que cuando aparecen y los ponemos en práctica, nos ayudan a construir lo que nos proponemos de una mejor manera.
Una de esas ideas es el principio de Pareto, conocido popularmente como la regla 80/20.
Plantea que, en determinadas situaciones, una proporción relativamente pequeña de las causas puede explicar una parte importante de los resultados.
No es una fórmula exacta ni se cumple necesariamente en todos los casos. Pero me resulta útil para recordar que no todas las actividades tienen el mismo impacto y que muchas veces conviene identificar cuáles son las que realmente hacen la diferencia.
Entender esto cambia bastante la forma de trabajar y también la forma de organizar el día en todos los aspectos.
Porque si el foco está puesto en lo esencial, no hace falta hacer todo, hace falta hacer lo que realmente mueve la aguja.
Ahí es donde me gusta combinar esta lógica con algo simple: trabajar en bloques cortos, tipo pomodoro.
Como una forma de asegurar que cada día tenga avances concretos en distintos frentes importantes para mí, como ser salud, alimentación, entrenamiento, familia, vínculos, negocios, aprender, producir y compartir.
No se trata de resolver todo todos los días, se trata de accionar. Uno, dos, tres movimientos concretos en cada eje que importa. Pequeños avances que, acumulados, sostienen el proceso.
Vilfredo Pareto no habla de hacer menos por pereza.
Habla de hacer mejor, para poder trabajar sobre todos los aspectos importantes.
De entender que el progreso muchas veces no está en multiplicar esfuerzos, sino en dirigirlos bien.
Para incorporarla a esta web revisé algunas precisiones del texto original, sin cambiar su idea.
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