Hay una expresión que uso bastante, tanto en lo personal como en los negocios: «Vamos viendo».
Muchas veces puede interpretarse como una falta de planificación o de decisión, pero con los años fui encontrándole otro sentido, especialmente en un contexto donde las cosas cambian cada vez más rápido y resulta difícil anticipar lo que va a pasar.
Cuando emprendemos, desarrollamos un negocio o encaramos cualquier proyecto, necesitamos tener objetivos, definir una dirección y planificar cómo vamos a avanzar. Pero también necesitamos entender que, por más que nos esforcemos en prever todos los escenarios, siempre van a aparecer situaciones que no contemplamos, oportunidades que no imaginábamos y dificultades que nos obliguen a revisar lo que habíamos decidido.
Y ahí es donde el «vamos viendo» cobra sentido.
Avanzar con la información que tenemos, prestar atención a lo que sucede, escuchar a los clientes, probar, aprender y ajustar cuando sea necesario, sin quedar atados a decisiones que tomamos en circunstancias que quizás ya cambiaron.
En mi experiencia, muchas veces resulta más conveniente empezar, observar cómo evolucionan las cosas e ir haciendo pequeños ajustes, que esperar a tener todas las respuestas para dar el primer paso.
Por supuesto que hay decisiones que requieren mayor análisis y planificación, pero también hay muchas otras que podemos tomar sobre la marcha, especialmente cuando equivocarnos tiene un costo relativamente bajo y podemos corregir rápidamente.
Creo que parte de gestionar un negocio consiste en encontrar ese equilibrio entre tener una dirección clara y conservar la flexibilidad suficiente para modificar el recorrido.
Porque podemos planificar mucho, pero la realidad siempre termina teniendo algo para decirnos.
Vamos viendo.
Versión revisada y actualizada de una reflexión publicada originalmente en LinkedIn el 3 de septiembre de 2024.