Hace casi veinte años conocí a Luis Díaz, una persona que tuvo una influencia muy importante en mis primeros años como emprendedor y de quien aprendí muchísimo sobre negocios, relaciones comerciales y desarrollo profesional.
Lo conocí cuando estaba intentando venderle publicidad para la revista Marco Polo. Su contacto me lo había pasado Ricardo M. Bugna, después de haberlo incorporado a ISIC, la tarjeta internacional de descuentos para estudiantes que Ricardo gerenciaba en aquel momento.
Recuerdo que, después de mostrarle el media kit y conversar un buen rato, Luis me dijo algo que todavía tengo presente: «Te compro la pauta anual para que podamos seguir en contacto».
Unas semanas después me invitó a conocer una sedería que había adquirido recientemente en Barrio Norte y, mientras recorríamos el local, me preguntó qué pensaba que podíamos hacer para potenciar el negocio.
Mi respuesta fue bastante inmediata: agregarle valor al commodity.
Así empezó mi participación en Le Tissu, un proyecto al que me incorporé para trabajar en su desarrollo comercial y de marketing, y que terminó siendo una experiencia de aprendizaje extraordinaria.
La idea era desarrollar una propuesta que fuera mucho más allá de vender telas, especialmente para quienes estaban organizando un casamiento, una fiesta de quince años u otro evento importante.
Trabajamos sobre toda la experiencia, desde la manera de generar el primer contacto hasta lo que sucedía cuando la persona llegaba al local.
Desarrollamos contenidos, eventos y alianzas comerciales para acercarnos a potenciales clientes, y organizamos un proceso de seguimiento telefónico y por correo electrónico que nos permitía invitarlos a conocer la propuesta.
También establecimos relaciones con listas de casamiento, salones de eventos, revistas y otros actores vinculados con la organización de celebraciones.
Pero una de las partes que más recuerdo era lo que sucedía dentro de Le Tissu.
Las personas eran recibidas y atendidas de manera personalizada, podían conversar con un diseñador, contarle qué tenían en mente y ver cómo esas ideas comenzaban a tomar forma en un bosquejo.
Después recorrían los distintos pisos de la sedería acompañadas por un asesor comercial, elegían las telas y podían avanzar en la visualización de cómo sería su vestido.
Todo estaba pensado para acompañar una decisión que, para muchas de esas personas, tenía una importancia especial.
Fue una experiencia que me permitió aprender muchísimo sobre cómo desarrollar una propuesta de valor, integrar marketing y ventas, construir relaciones comerciales y trabajar sobre cada instancia del vínculo con los clientes.
Pero, por encima de todo, recuerdo a Luis.
Porque además de darme la oportunidad de participar en aquel proyecto, me abrió las puertas a un mundo que todavía estaba empezando a conocer, confió en mis capacidades y me permitió desarrollarlas.
Con los años participé en muchos otros negocios y proyectos, pero sigo recordando esa etapa con mucho cariño y agradecimiento.
Y cada vez que pienso en Le Tissu, vuelvo a encontrarme con dos cuestiones que fueron muy importantes en mi recorrido: el valor de construir una experiencia alrededor de lo que ofrecemos y la importancia de las personas que confían en nosotros cuando todavía tenemos mucho por aprender.
Versión revisada y actualizada de una reflexión publicada originalmente en LinkedIn el 15 de octubre de 2024.